Anoche vi por quinta vez, junto a mi esposa y mis hijos, Mi vecino Totoro, el entretenido anime de Hayao Miyazaki y debo decir que lo disfruté como la primera ocasión gracias a la gran belleza de sus imágenes y, por supuesto, a la pegajosa canción de la película.
Para quien no ha tenido la ocasión de apreciarla, digamos que no se parece en nada a una película de Disney o cualquier otro estudio norteamericano. Su estética es totalmente "Studio Ghibli", por decirlo de alguna manera.
Debo anotar que no es solo un producto para los aficionados al anime, sino una historia familiar que ha sido realizada por quien tal vez sea el más genial dibujante de películas vivo.
La trama va más o menos así. Un profesor universitario se muda junto a sus dos hijas, Mei y Satsuki, a una vieja casa en el campo cerca de un bosque mientras esposa se recupera de tuberculosis en un sanatorio cercano.
Las pequeñas descubren rápidamente que la casa está encantada, de igual manera que el bosque. Varias anécdotas relacionadas con los espíritus de la espesura les suceden mientras pasan los días.
La menor, Mei, de solo 4 años, descubre en el interior de la arboleda a Totoro, espíritu del bosque que es una especie de mezcla de Conejo y Oso, al cual solo pueden ver los niños. Rápidamente se hacen amigos, pese a la incredulidad de su hermana.
Una disputa entre las hermanas origina que Mei se extravíe en el bosque mientras lo recorre en busca del camino hacia el sanatorio.
Entonces Satsuki emprende su búsqueda y solicita ayuda a Totoro, quien convoca al increíble Gatobús (quién no quisiera tener uno igual) para que la conduzca donde la hermana y luego al sanatorio, donde logran ver a su madre ya recuperada. No les cuento el final, pero realmente se las recomiendo.
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